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“Ir con la actitud de probar”

En primero de Sistemas Audiovisuales, tuvimos programación y yo dije “bueno, me está gustando programación, al principio”. También tuvimos un profesor de ahí de la universidad que hacía clases para preparar para un concurso, sobre un lenguaje de programación que yo no había tocado para nada. La asignatura de programación de la carrera era en lenguaje C, y lo que él nos enseñaba, esas clases aparte, eran C++.

Y aunque yo no sabía, bueno, iba yendo, porque digo, “Algo se me quedará, y a lo mejor algo irá saliendo, no?”. Y luego cuando hicieron la prueba de quién iría al concurso, había siete u ocho ejercicios, y a mí me salió uno y yo ya monté una fiesta, porque no tenía ni idea de hacer eso.

Y bueno, el profesor ya dijo que no es el hecho de saber hacerlo, sino de ir con la actitud de por lo menos probar. Yo creo que eso me animó bastante. De por lo menos la actitud de probar y querer aprender cosas a parte de lo que estás haciendo. Luego en programación saqué Matrícula de Honor, me puse super contenta.

Aún así, al principio también me costó porque te pedían cosas muy raras, que pensabas “¿Qué me estás diciendo?”. Te pedían que hicieses un programa que te hiciese tal y cuál… y tú al principio: “Bueno, ¿y cómo tengo que hacer esto?”.

Pero bueno, entre que ibas a clases, te daban un mes para hacer la práctica, y que podías ir al despacho del profesor, ibas haciendo. Lo bueno de mi universidad es que puedes ir al despacho sin problema, les mandas un correo para ir y les dices “¿Puedo ir a preguntarte algo?” y es muy raro que te digan “No, no puedes”. Incluso sin presentarte, vas a mirar en qué despacho está, y lo buscas y dices “¿Te puedo preguntar tal…?” y te ayudan.

Eso es una de las cosas que me gustan de mi universidad, porque en otra, según lo que me han contado, y lo que se oye de todo el mundo, los profesores empiezan a conocerte en tercero o cuarto. En cambio aquí, si encima eres chica, ya te conocen en seguida, porque somos cuatro en clase, cuatro contadas. Y si preguntas o lo que sea, ya te ven. Puedes preguntar sin ningún problema, incluso ellos te animan, y el primer día de clase te ponen el correo y el número de despacho en la pizarra: “Si necesitáis algo podéis venir a preguntarme”.

También había clases en concreto para preguntar las dudas, para ir ayudando: la clase de prácticas de ese día, es preguntar las dudas que vayas teniendo en la práctica, y el profesor te va ayudando.

Aunque también si eres un poco tía, como que te da más cosa preguntar o quedar en el despacho, porque si es un tío es un poco más en plan colegueo. Y un tío en plan amigo ya va teniendo contactos para luego, ¿sabes?: “Ah! si necesitáis gente de becario, no sé qué no sé cuantos”, pero que lo diga una tía a lo mejor queda un poco raro “Si necesitáis gente de becaria, aquí estoy”, ¿sabes? Eso me da rabia. Y eso pasa porque casi todo son chicos.

Pero yo al final digo, “¡da igual!”, sabes? Porque si no vas con cara, no acabas en ningún sitio. Si no vas con cara y vas a preguntar, dices “Te tienes que quitar el que te dé cosa e ir igualmente”, y quien quiera decir, que diga lo que le dé la gana… Y como yo soy de eso del “¿Por qué, por qué, por qué?”, hasta que no me quite las dudas, no me quedo tranquila.

Y al final bueno, en programación saqué una Matrícula, en Ecuaciones Diferenciales y en Lógica un excelente… o sea, bastante contenta, sí.

Beatriz, 20 años, 1º Ingeniería Informática, 2º Ingeniería en Sistemas Audiovisuales

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